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sábado, 25 de agosto de 2012

Viajo, luego existo - Una tarde cualquiera


Era una tarde soleada en Copacabana, Bolivia. Hacía pocos minutos habíamos llegado a la ciudad que nos recibió radiante y espléndida con ese sol que quema aún en otoño y en invierno te hace cosquillas. Con mis compañeros de viaje habíamos vuelto de almorzar en un pequeño puestito de comidas rápidas de la costa, a orillas del Titicaca

Luego de unas deliciosas truchas con arroz y verduras, para bajar la comida y hacer una digestión más placentera, salimos a caminar, orillando la ribera del lago.

Caminamos, caminamos y caminamos. 

No había caído en la cuenta de lo mucho que habíamos avanzado hasta ese momento porque era como que si nuestras piernas no sintieron nunca el cansancio, ya que nuestros cerebros, alimentados por esa curiosidad y ansias que tenemos (creo que) todos los viajeros, les enviaban fuerzas y energías a nuestras gambas para seguir adelante . 

Hasta que inevitablemente me cansé y me senté, y al sentarme observé al resto de mis compañeros que siguieron el camino; pero luego, con una separación de unos pocos metros, de a poco, también ellos iban cayendo presos del cansancio y se iban sentando o acostando a observar el horizonte sobre el lago y con el sol entibiando sus mejillas.


El hecho de haber observado el largo camino que habíamos caminado desde el parador donde almorzamos hasta el lugar donde me hallaba en ese momento de reposo, me hizo reflexionar que así como había dejado atrás ese simple parador y, que me parecía mucho el espacio y la distancia que habíamos recorrido, también había dejado atrás mi ciudad, mi casa, mis cosas. Empecé a tener una noción más preciada de las variables tiempo y espacioY comencé a pensar qué es lo que estaría haciendo yo en ese mismo instante de no haberme decidido a emprender el viaje. Es decir, ¿cómo sería mi realidad, mi presente de no estar en donde estaba? así tirado y despatarrado en las orillas del Titicaca, hinchado de placer y gozo.

Y bueno, empezaron a surgir pensamientos, reflexiones, imágenes, sentimientos; todos tan genuinos. Todos tan puros. Todos tan llenos de mí. A decir verdad, no sabría bien ya como definirlos.

Y así surgió "una tarde cualquiera".
Hoy pudo haber sido una de esas tardes cualquiera. De esas que salgo de mi casa y saludo a mis vecinos y a cuanta persona se me cruce por delante, camino al supermercado, al gimnasio, o al centro de la ciudad de mi ciudad, y sentir rabia por percatarme que los rayos de sol que el día hoy me regala no los estoy aprovechando como quisiera y no estoy tirado por ahí, reposando, reflexionando de lo lindo de vivir sin tiempos ni ataduras y sólo ser feliz por hacer lo que quiero y cuando quiero.
Hoy pudo haber sido una de esas tardes cualquiera. De esas que me miro al espejo y desearía estar en otro lugar, con otra gente, en otro espacio, en otro tiempo, con otros aromas y otros gustos, con otros anhelos y otras ambiciones. Renovación continua, creando nuevas sensaciones para mi mente, mi cuerpo y mi alma.
Hoy pudo haber sido una de esas tardes cualquiera. Pero no lo fue. Hoy es una de esas tardes diferentes alguna vez soñada que hasta parece que el sol es egoísta y me ilumina sólo a mí, sin reparar que también hay personas como yo, alrededor mío, con mis mismos pensamientos y cavilaciones.
Si hoy no es una de esas tardes cualquiera es porque alguna vez yo me lo propuse. Y aquí estoy. Y ya no me queda más que quitarme mis polvorientas zapatillas, enfrentar el lago Titicaca, sentir sus frías aguas en cada célula de mi ser. Mirar el sol, relajarme y disfrutar.
Mientras tenga sueños y no se me acabe la locura de cumplirlos sé que todavía me quedan muchos días distintos por delante. Y eso me colma de vida. Que no se compra en la esquina en una tarde cualquiera. 
Lago Titicaca, Copabana, Bolivia. 06/06/2012


Una tarde cualquiera - Gambeteandoconladepalo
Una tarde cualquiera - Lago Titicaca - Copacabana - Bolivia

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